martes, 20 de octubre de 2015

EL REGRESO DE ROSALES - DESDE EL PUENTE



Finalmente se cumplió un nuevo episodio del drama que ha acompañado la vida de Manuel Rosales desde seis años a esta parte. La semana pasada regresó a Maracaibo, fue detenido y remitido a Caracas a la orden de un tribunal de control. En estos días está en un calabozo en la sede del SEBIN, en el Helicoide, ubicado en la capital de la República. Muy grande la expectativa generada con este retorno anunciado por él mismo una semana antes y por algunos de sus más allegados desde hace varios meses.
Honestamente no me atrevo a hacer un pronunciamiento de fondo sobre este tema. Medios de comunicación y algunos amigos me interrogan al respecto, pero confieso no tener elementos suficientes para emitir una opinión seria al respecto. Por respeto a Manuel y a su familia evito sumarme a la onda especulativa existente en variadas direcciones.
Conozco a Manuel Rosales desde hace muchos años. Puedo dar fe de que se trata de alguien que se distinguió como concejal en Santa Bárbara, Municipio Colón del Zulia, cuando daba sus primeros pasos en la política. Fue un buen diputado a la Asamblea Legislativa del Estado, buen Alcalde de Maracaibo y buen Gobernador. Todo dentro de una continuidad de ejecutorias que, en medio de inevitables polémicas, en diferentes direcciones, lo convirtieron en candidato presidencial frente a Chávez en el 2006.
Lo señalado coloca a Rosales como uno de los valores zulianos más importantes de la actualidad. Más allá de la amistad trato de analizarlo en base a su obra como servidor público. Políticamente nació y se formó en Acción Democrática, básicamente al lado de los seguidores de Carlos Andrés Pérez. Cuando la problemática interna se agudizó abandonó esas filas y fundó la organización conocida como Un Nuevo Tiempo con mucho más éxito y resonancia regional que nacional. Los improperios y amenazas del presidente Chávez lo llevaron a tomar la decisión de irse del país antes de que lo  hicieran preso. Polémica actitud personal que ni avalo ni cuestiono. Decisión muy personal, como la de regresar casi siete años después con la certeza de ser aprehendido. Respeto mucho a los hombres en coyuntura como la de Manuel. El tiempo dirá si hay cartas escondidas bajo la manga, negociaciones de por medio o un nuevo testimonio de coraje y apego a la Patria. Deseo lo mejor para Manuel Rosales y su familia.
@osalpaz
Lunes, 19 de octubre de 2015

martes, 13 de octubre de 2015

EN EL SÓTANO UNIVERSAL-DESDE EL PUENTE



El caso venezolano llena de asombro al mundo entero y nos deja a nosotros un peso muerto, una carga increíble de indignación mezclada con cierta dosis de culpa activa o pasiva, y un anhelo de cambio radical y profundo. Se respira en el ambiente. Diecisiete años han sido suficientes para probar este nuevo fracaso del socialismo comunistoide que alimentó la retórica y los hechos del “socialismo del siglo XXI”. El máximo responsable ha sido Hugo Chávez, tanto por las acciones concretas como por la falta de tino en la escogencia del sucesor Maduro.
Nada funciona bien en Venezuela. Los males sobre diagnosticados avanzan haciendo imposible, dentro de los mismos esquemas, revertir hacia lo positivo las negativas tendencias del presente. En consecuencia se necesita un cambio urgente y profundo. Sólo será posible con una adecuada conjunción de gente competente, ideas claras basadas en la libertad y proyectos concretos para construir la nueva Venezuela a la que aspiramos y el continente necesita. Con más de lo mismo en estos tres aspectos, los resultados serán peores a lo que tenemos. Sin exagerar creo que estamos ante el reto más importante de toda nuestra historia. Se trata de algo existencial.
Los países se las ingenian para superar obstáculos ideológicos o políticos circunstanciales. Lo acabamos de ver con la firma del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica –TPP-. Perú, México, Chile, Canadá y Estados Unidos con fronteras en el Pacífico logran entenderse entre sí y asociarse al resto de países en situación geofísica similar. Australia, Brunei, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam. Todos juntos representan unos 800 millones de habitantes del planeta que ponen sus esperanzas en un tratado de libre comercio que proyecta beneficios descomunales si todo marcha dentro de lo planeado y pactado.
Basta de consignas fracasadas. Estimulemos la imaginación de los compatriotas que desde las Universidades y centros de estudio e investigación públicos y privados puedan aportar soluciones concretas y a largo plazo a la problemática venezolana. Repito, con los mismos haciendo lo mismo, los resultados serán iguales o peores a lo existente.
@osalpaz
Lunes, 12 de octubre de 2015

FINAL DRAMÁTICO Y TRÁGICO - EXPRESO



Los venezolanos no podemos dar lecciones de democracia ni de dictadura a pueblo alguno de Latinoamérica. Todos han pasado alternativamente de un tipo de régimen a otro y viceversa. Sin embargo, la situación que se vive es extraordinariamente complicada. De la democracia pasamos a la dictadura mediante un golpe de estado de ejecución progresiva. La desnaturalización de las instituciones existentes, la violación sistemática del estado de derecho con el desconocimiento de los principios básicos establecidos en la Constitución, la destrucción del aparato productivo privado y el desmoronamiento de las empresas del sector público  gracias a la ineficacia y la corrupción, todo ello y  mucho más, han convertido la vida del ciudadano común en una verdadera tragedia.
Se trata de la dictadura del siglo XXI. Increíble pero cierto. En un país militarizado se registra el más alto grado de inseguridad del continente y de buena parte del mundo. Las ciudades lucen desiertas desde tempranas horas de la noche por lo que asaltos, ejecuciones y cobro de vacunas se hacen también a plena luz del día. Aparecen insólitas confrontaciones entre las distintas policías e incluso, entre las distintas ramas de las fuerzas armadas. La gente no distingue bien entre los bandidos y los supuestos representantes del orden que deberían garantizar la seguridad de las personas y de los bienes. Crece la tendencia generalizada a que cada quien defienda lo suyo como pueda, especialmente a la familia, el hogar y su fuente de ingreso. Caminamos aceleradamente hacia un conflicto terrible, pero con una seria incertidumbre con relación al desenlace.
Pudiera emborronar muchas cuartillas profundizando una situación mil veces diagnosticada, pero es innecesario. Lo cierto es que menos de un 20% de la población aprueba al régimen, cerca del 85% desea la renuncia, destitución o, por cualquier vía, el fin del gobierno presidido por Nicolás Maduro. Pone sus esperanzas en las elecciones parlamentarias a celebrarse el próximo 6 de diciembre. No hay manera legítima de que el gobierno las pueda ganar con el evidente rechazo general existente. Pero ganar la Asamblea Nacional y devolverle sus facultades confiscadas de legislación y control de la administración pública, no basta. Es un primer paso, muy importante cierto, pero no suficiente. Se profundizará el enfrentamiento entre los restos de la dictadura y los sectores democráticos para alcanzar el cambio definitivo. El gobierno tiene la fuerza física y una mentalidad ideologizada hacia el socialismo comunista que el pueblo rechaza. Los demócratas tienen, fundamentalmente, la razón, la palabra y el coraje para estar a la altura.
No habrá observadores electorales internacionales. Los únicos invitados oficiales son los cómplices de Unasur y el Alba. Ni la OEA, la ONU o la UE, podrán estar presentes en la elección y avalar o condenar el proceso. ¿Qué tal?
@osalpaz
Sábado, 10 de octubre de 2015

martes, 6 de octubre de 2015

CONTRA TODA HIPOCRESÍA - DESDE EL PUENTE



Hemos repetido muchas veces que el régimen venezolano es el campeón mundial del disimulo y la mentira. Ambos son componentes de una hipocresía que incorpora a las relaciones internacionales, especialmente las vinculadas a un vecindario complicado. Me refiero a Guyana y Colombia. La reunionitis aguda de las últimas semanas entre los más altos funcionarios de los países citados no ha logrado resolver, ni siquiera enfrentar con sinceridad,  los problemas básicos que mantienen empañadas las relaciones.
No me gusta generalizar, pero parecen reuniones de farsantes alejados de la búsqueda de soluciones, pero empeñados en adoptar poses de interés político propias de quincallas barateras. A nadie engañan en ninguna parte. El caso de Venezuela es el más lamentable de todos. Cuando decimos estar contra toda manifestación de hipocresía queremos invitar a actuar en base a la verdad, apegados a la dura realidad existente.
Todos los problemas tienen solución. Nuestro drama es que el régimen y su presidente dejaron de ser instrumentos para resolver esos problemas y se convirtieron en el problema mayor que la nación tiene que resolver a corto plazo. Mientras la dupleta Maduro-Cabello esté al frente del país todo se agravará. Nuestra obligación es contribuir a superar lo que está a la vista.
En esta dirección debe dirigirse el mensaje fundamental de la alternativa democrática con miras a la elección parlamentaria del próximo 6 de diciembre. No hay manera de que el régimen pueda ganarla, pero puede intentar un gigantesco fraude para disimular su fracaso y convertirlo en una victoria vergonzosa, empañando o anulando mediante el uso de la fuerza bruta, el indetenible triunfo de la oposición. En manos de la MUD está la responsabilidad fundamental. También en las direcciones políticas de los partidos y grupos que la integran. Protagonistas son también los candidatos a asambleístas que deben demostrar, desde ahora, temple y coraje para las tareas que se avecinan.
Estoy plenamente convencido de la honradez de la mayoría de los oficiales de las fuerzas armadas, más allá de las desviaciones y corruptelas existentes en ese mundo, de la misma naturaleza de las existentes en el mundo civil. Allá y aquí hay buenos y malos, honestos y perversos. Un solo frente para derrotar la barbarie y construir la nación que soñamos. 
@osalpaz
Lunes, 5 de octubre de 2015

EL SUPER DRAMA COLOMBIANO - EXPRESO



Todo el mundo conoce la penosa realidad de Venezuela. Las enormes carencias de un pueblo sometido al margen del Derecho por una pandilla de ineficaces corrompidos y corruptores, ya parecieran no escandalizar a nadie. Amigos del exterior a veces creen que exageramos y, en el fondo, se nota un reclamo a nosotros mismos por supuesta inacción para poner punto final a la situación.
Pero en esta oportunidad debo desahogar la enorme inquietud interior que siento por el proceso de negociación que adelanta el gobierno colombiano con las FARC en La Habana. La mayoría de los jefes narcoguerrilleros pasaron años radicados en Venezuela, bajo protección y facilidades operativas tanto de Hugo Chávez como de Nicolás Maduro. Esto fue particularmente cierto a raíz de las duras derrotas militares que les proporcionaron las fuerzas militares de Colombia con la paradójica presencia de Juan Manuel Santos en el Ministerio de la Defensa.
Hay un tono de inmoral manipulación cuando se pretende dividir a ese país, al continente entero, entre partidarios de la paz y de la guerra. El dilema es falso. Toda Colombia quiere y ansía la paz, pero se niega a aceptar los aún desconocidos acuerdos de Cuba como una especie de capitulación del Estado frente a los responsables primarios de un conflicto de sesenta años, con más de doscientos mil muertos y la influencia determinante de otras estructuras del crimen organizado al servicios del narcotráfico, del contrabando, del chantaje de las llamadas vacunas y muchas desviaciones delictivas más que no cabrían en estos comentarios.
Todos queremos la paz. Para Venezuela es fundamental. Pero no puede haber reconciliación y decretar el final del conflicto, sin que se conozcan todos los alcances de la negociación. Aún está muy obscuro eso de la “justicia transicional”. Nadie ha sido capaz de dar una explicación satisfactoria. La Justicia no tiene apellidos, aunque su aplicación siempre deberá tener presente las circunstancias de su aplicación. Jamás deberá confundirse con impunidad, con complicidad ni con acciones propias de politiquería baratera que abandona a las víctimas humanas y materiales del conflicto. A estos efectos también resulta inaceptable equiparar a los responsables de los crímenes de la narcoguerrilla con las fuerzas militares regulares que han tenido la obligación de enfrentarlas y reducirlas a su más mínima expresión. Introducir elementos de política electoral interna en este tema atenta contra el concepto de Paz y de Justicia que debe prevalecer.
@osalpaz
Viernes, 2 de octubre de 2010
EXPRESO, Lima