lunes, 17 de octubre de 2016

UNIDAD PARA ENFRENTAR LA TIRANÍA



DESDE EL PUENTE
Oswaldo Álvarez Paz

UNIDAD PARA ENFRENTAR LA TIRANÍA

Llegamos al punto definitivo. Se acabó la democracia. La mataron progresivamente. Llegamos a la dictadura, más que eso, a una verdadera tiranía, dirigida por lo peor de la vida venezolana. Jamás habíamos presenciado, ni estudiado con relación al pasado remoto, una situación tan deplorable como la actual. Nuestro llamado es a la activación del ciudadano común para una lucha intensa, peligrosa, pero definitiva. Se trata de alcanzar la libertad sobre la base del respeto a los principios y valores que dan sustento a la democracia. Todos unidos, civiles y militares, animados por la misma visión de las cosas y por la decisión de poner punto final a esta tragedia. Es la hora.
Expreso la mayor complacencia por la posición adoptada por el llamado Bloque Democrático. De integración plural, tiene en su seno algunos de los más brillantes juristas venezolanos. Las declaraciones atribuidas al menos a dos de ellos, los doctores Alberto Arteaga y Román Duque Corredor, invitan a la acción con propósitos claramente definidos. El problema no es simplemente la violación del estado de Derecho sino su inexistencia y, por otro lado, la ausencia de políticas para incentivar la inversión privada en materia económica. Ambas cosas son indispensables para garantizar la seguridad de las personas y de los bienes y la creación de oportunidades de trabajo, estables y bien remunerados. Será imposible bajo este régimen probadamente fracasado, incompetente y escandalosamente corrompido.
Tengo fe absoluta en las reservas humanas y materiales de Venezuela. A pesar del éxodo masivo de estos años, la patria anda en cada uno de los compatriotas que están en el exterior. Aquí, en los sectores productivos y culturales hay planes, programas concretos, ideas y voluntad para hacerlos realidad en el menor tiempo posible. También la gente capaz de lograrlo. Pero, es indispensable el cambio de régimen. Bajo el actual caminamos diariamente hacia peor.
Debemos tener claras las asignaturas pendientes con relación a la práctica política, al funcionamiento de los partidos y los fines de la democracia misma. Sin embargo, lo trascendente ahora es la unidad nacional. Puede ser diferenciada pero siempre dinámica, con el objetivo claro. A estos efectos la nación necesita despejar definitivamente las dudas e incertidumbres existentes con relación a sus fuerzas armadas. Se trata de un tema poco claro. El llamado es a la oficialidad creyente en la libertad y en el pluralismo democrático, enemiga de la tiranía y de la corrupción. Tienen la obligación, igual que los civiles, de ayudar a despejar esas dudas relativas a su integridad y consecuencia.
Lunes, 17 de octubre de 2016
@osalpaz

EL VALOR DE LO CONSTITUCIONAL-EXPRESO, Lima



 EL VALOR DE LO CONSTITUCIONAL
Oswaldo Álvarez Paz
EXPRESO, Lima

Siento una enorme preocupación por los estudiantes de Derecho en Venezuela. Especialmente por las dificultades que se presentan a los profesores de Derecho Constitucional, para sólo limitarnos a esta materia. Qué difícil es explicar a los jóvenes la letra, el espíritu y la historia constitucional del país y del mundo, cuando en la práctica y desde hace casi cuatro quinquenios en la aplicación práctica de la misma, suceden cosas radicalmente contrarias al texto. Imposible responder las inquietudes y angustias del estudiantado al constatar que la realidad de las cosas es distinta a lo establecido en el Texto Supremo de la República. Esto es apenas un pincelazo de cuanto sucede, no solamente en materia Constitucional. En todo.
El régimen venezolano ha ejecutado una especie de golpe de estado de ejecución progresiva a lo largo de dieciocho años. Se acabó el Derecho como instrumento regulador de la vida en sociedad, de las relaciones entre los ciudadanos y de estos con el estado-gobierno. Lo ciudadanos han quedado indefensos, expuestos a los caprichos y arbitrariedades del régimen y particularmente, a los terribles efectos de la ineficacia y de una corrupción nunca vista en la historia contemporánea.
Sin embargo, las pretensiones continuistas de algo que llaman el “alto mando cívico militar”, órgano supremo del castrismo rector, han menospreciado la paciencia del pueblo y sus profundas convicciones democráticas. Un “basta ya” se oye y se siente en todos los rincones y en todos los sectores sociales del país. La cúpula del régimen, se cierra sobre sí misma y arremete contra toda manifestación de disidencia apelando irracionalmente a la violencia física e institucional. Alejados completamente de los deberes y obligaciones constitucionales han decretado, en la práctica, el desconocimiento a la autoridad y competencias de una Asamblea Nacional integrada por dos terceras partes oposicionistas. El régimen sufrió una aparatosa derrota el 6D-2015 y manipula a un Tribunal Supremo integrado ilegalmente después de esa fecha y además, controla el Consejo Nacional Electoral para impedir el referéndum revocatorio y las elecciones de gobernadores y Consejos Legislativos Estadales, todo lo cual tiene que realizarse este año. Los presos políticos se han cuadruplicado, los exilados se multiplican y los acosos personales y familiares configuran una verdadera tiranía.
Pero la Asamblea Nacional, única reserva institucional de la democracia reacciona. El pasado jueves aprobó una histórica resolución donde textualmente se dice entre otras cosas: “…la Asamblea Nacional desconocerá la autoridad y vigencia de los actos del Poder Ejecutivo y de las sentencias del TSJ que contraríen los valores, principios y garantías democráticos y lesionen los derechos fundamentales”.
La Fuerzas Armada, en especial sus cuadros medios y bajos siguen de cerca cuanto sucede. La Comunidad Internacional también. Es la hora de la acción.
Viernes, 14 de octubre de 2016
@osalpaz

miércoles, 12 de octubre de 2016

CAMBIO RADICAL URGENTE



 CAMBIO RADICAL URGENTE
Oswaldo Álvarez Paz
EL NACIONAL

Se ha levantado la idea de que el radicalismo agrupa a unos fanáticos enloquecidos en los extremos de sus convicciones ideológicas o políticas. Nada más falso e injusto. Ser radical es ir a la raíz de los problemas sin descuidar las consecuencias de los mismos, pero si nos agotamos en atender exclusivamente esas consecuencias, los problemas se repetirán una y otra vez. Venezuela es un excelente ejemplo de cuanto estamos diciendo.
Llegamos a un punto en el cual las exigencias imponen la obligación de actuar en la dirección radical que estamos señalando. El país está muy mal y camina hacia peor. Lo más grave es que los países nunca tocan fondo. Esto sucede sólo cuando las cosas que se hacen mal empiezan a hacerse bien, pero de mantenerse las condicionantes que nos empujan por este barranco sin fondo en el que estamos, volveremos a caer y se perderán los esfuerzos realizados.
La civilización y la cultura histórica demuestran la importancia del Derecho como instrumento regulador de la vida en sociedad, de las relaciones entre los ciudadanos y de estos con el estado-gobierno. Es importante destacar que el Derecho se concreta en leyes justas y sabias, dictadas por el propio estado siendo el primero que debe someterse a ellas y tener autoridad moral y política para exigirle a todos el cumplimiento del ordenamiento legal establecido. El problema mayor que tenemos es que en Venezuela se acabó el Derecho. Las instituciones del estado se burlan y manipulan todo en servicio de quienes detentan el poder. La Constitución en la práctica no existe. Jamás habíamos visto, en nuestra ya larga experiencia política, a quien tiene la condición de Jefe de Estado actuando al margen y en contra de los deberes y obligaciones que la Constitución de la República le señala. Lo mismo podemos afirmar con relación al Tribunal Supremo de Justicia, al Consejo Nacional Electoral o al llamado Poder Ciudadano o moral, como impropiamente algunos lo mencionan. En estas condiciones el ciudadano está indefenso, sometido a los caprichos del régimen y a las consecuencias de la ineficacia y corrupción características de estos tiempos.
Por todo esto y mucho más, el cambio tiene que ser radical, urgente y sin evadir o esquivar las necesarias confrontaciones que se presenten en la lucha por concretarlo. La acción opositora ha estado enmarcada en los términos constitucionales existentes. Señala varias alternativas para el cambio. Por ahora está centrada en el referendo revocatorio que debería celebrarse este año. La jornada a cumplir los días 26, 27 y 28 de este mes será definitiva. Pensando en el porvenir, invito a pensar en una Asamblea Nacional Constituyente como vía para la reconstrucción nacional sobre bases distintas y mejores que las existentes.
Domingo, 9 de octubre de 2016
@osalpaz

lunes, 10 de octubre de 2016

LAS JORNADAS POR VENIR



 DESDE EL PUENTE
Oswaldo Álvarez Paz

LAS JORNADAS POR VENIR
La jornada de recolección del 20% de las firmas para el revocatorio convocada para los días 26, 27 y 28 del presente mes, marcan la profundización de la etapa final de la lucha frente al régimen gobernante. Deberá cumplirse y sobre pasar la exigencia establecida a conciencia de que las indignas instituciones a su servicio, continuarán haciendo todo lo que esté a su alcance para impedir el revocatorio este año. No importa. La voluntad de cambio radical existente en la inmensa mayoría de la nación es infinitamente superior a las maniobras de una minoría desesperada y cercada, incluidos muchos que hasta ayer se mostraron solidarios con el régimen.
Hablo de cambio radical a conciencia. Ser radical es ir a la raíz de los problemas sin descuidar sus consecuencias, pero no agotándose en ellas. De quedarnos en las consecuencias, pronto estarán repitiéndose los mismos problemas. De aquí nuestro llamado a todos los habitantes de este país, sin distinciones de ninguna naturaleza. Si queremos conservar los mucho o poco que tenemos, la vida, la seguridad de nuestras familias, la libertad, el derecho a trabajar en paz, tenemos que despertar y quienes ya lo están, actuar con todo para devolverle a Venezuela su razón de ser. Aquí está en peligro hasta la existencia misma de la nación y de cada uno individualmente considerado.
Las cabezas de este régimen, eso que llaman el alto mando cívico-militar, tienen que comprender la inutilidad de sus pretensiones y lo peligroso de sus acciones en este tiempo. Al margen de la Constitución y hasta en su contra, del ordenamiento legal establecido y de los más elementales principios éticos, todos los días añaden agresiones y ofensas, verbales y físicas, contra quienes no son sirvientes incondicionales. Han agotado la paciencia de todos, incluidos muchos que hasta hace poco se identificaban con ellos, quizás sin haber sido cómplices, pero tampoco sus enemigos.
El abuso de poder no ha tenido límites. Piden y toman cada día más. Arrasan y destruyen todo. Nicolás Maduro parece un náufrago sediento delirando bajo el calor del sol que le quema la mente. Creo que está enloqueciendo. Llegó a creerse el disfraz de cada día. Ya no sabe si es él o sus ropajes.
El llamado es a la incorporación de todos en esta etapa final de la lucha. En la situación actual la imparcialidad es, simplemente, el disfraz tramposo de los oportunistas. No hay cabida para las medias tintas. En el entorno del alto gobierno temen profundamente lo que seguirá a esta “izquierda” estéril e inmoral, protagonista del más terrible fracaso de la historia.
Lunes, 10 de octubre de 2016
@osalpaz
  

EL VALOR DE LA JUSTICIA



EL VALOR DE LA JUSTICIA
Oswaldo Álvarez Paz
EXPRESO, Lima

El pueblo colombiano continúa dando lecciones al mundo. Aún estaban frescas las impactantes imágenes de la firma del Acuerdo entre el presidente Santos y Timochenko, jefe de las FARC, cuando la mayoría se pronunció a favor de NO en el plebiscito convocado. Me imagino la sorpresa de la comunidad internacional y las penosas reflexiones que debieron hacerse la mayoría de sus representantes presentes en Cartagena. El mensaje fue claro y contundente. Nadie quiere la guerra. Todos apuestan por la paz, pero no por la impunidad ni por la ausencia de justicia.
La guerra, la paz y la justicia son temas abordados históricamente desde que la humanidad existe. A estas alturas no pueden justificarse confusiones con relación a ellos. La ausencia de guerra, formal o informal, no significa que la paz exista. Mejor dicho, en ninguna parte. Ni internamente en cualquier nación, ni con relación a las relaciones internacionales.
Sin justicia, la paz podrá ser decretada mediante declaraciones oficiales u oficiosas, producto de negociaciones abiertas o encubiertas que pueden llegar hasta el perdón, pero siempre quedarán dudas e incertidumbres sobre las consecuencias de este tipo de procesos. Ha sido dicho que el perdón es elemento importante para alcanzar la paz, pero será incompleto y perecedero sin justicia. Esto es indispensable para que todas las partes acepten y contribuyan a estabilizar la convivencia pacífica.
El caso de Colombia ofrece muchas aristas dignas de análisis. Luego de leer detenidamente las casi 300 páginas del Acuerdo firmado, he sentido una identificación plena con la posición mantenida por los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Creo en la sinceridad de ambos. Cada uno a su manera ha luchado para derrotar la violencia y lograr una verdadera pacificación. Pienso que el presidente Juan Manuel Santos así lo ha entendido. Aspiramos que de las conversaciones sostenidas con ambos por separado y los múltiples contactos que se realizan en consecuencia, contribuyan eficazmente al objetivo que sin duda los anima a todos, Santos incluido.
Todo lo que sucede en Colombia tiene efectos directos en Venezuela. He sostenido que somos una misma nación, aunque esté contenida en dos repúblicas separadas formalmente, pero unidas en lo más profundo del ser existencial de ambas. Venezuela padece una verdadera guerra no declarada formalmente, pero está convertida en una de las naciones más violentas y peligrosas del mundo. Desapareció el “hampa común” y prevalecen las estructuras del crimen organizado con tentáculos a la vista en ambas realidades. En el caso venezolano, la situación se agrava por la impunidad con la que actúan, garantizada por el régimen gobernante. No hay guerra, ni paz, ni justicia.
Viernes, 7 de octubre de 2016
@osalpaz